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Género urbano, una ideología de marañas

género urbano
Imagen cortesía de: creation.com.es

Apetecido por unos y odiado por otros, así es el género urbano aquí en Colombia e incluso en países cuna de dicha revolución: Puerto Rico y República Dominicana. Su jerga un poco descompuesta en donde el machismo predomina mueve montañas de dinero, es lo que el público joven busca, es la revolución que hoy en día posee pragmáticos que desbordan escenarios en audiencias.

Por Colombia: Maluma, Nicky Jam, J Balvin, Reykon, Jiggy Drama, Kevin Roldan, Cali & El Dandee… entre cientos más, hacen que emisoras jóvenes estallen en audiencia, aún más cuando se promocionan diferentes conciertos y se emplean estrategias de mercadeo agresivas contra una población vulnerable (atraída por esta nueva tendencia, fanáticos remilgados y curiosos).

A nivel musical el género urbano repercute, shows en casi todos los países latinoamericanos, escándalos tendenciosos para influenciar es el pan de cada día en las redes sociales; así se le apuesta a nueva forma de vida llena de fama, mujeres hermosas, autos lujosos y propiedades extravagantes, algunas semejanzas a Don Omar y Daddy Yankee los padres de la vieja guardia, quienes entrados en años siguen facturando.

El género urbano nace y crece como un arte callejero, un grafiti adornado con palabras que rompen todos los paradigmas, algunas letras llenas de sentimiento y otras que simplemente quieren dar a conocer lo que generaciones dispersas consideran necesario, algunos tonos opacos así como otros muy pasados con los cuales las nuevas generaciones entienden a la perfección.

No está de más compartir una nueva maraña musical, con sonidos interesantes y mensajes cotidianos, quizás un poco “ñero” para algunos, vulgaridades para otros; pero es lo que el pueblo pide. Así continua esta revolución de folclor citadino que no es el mismo de hace algunos años, sonidos de cuerda que no rompían los esquemas convencionales, el género urbano es una tendencia que ya adentrada en esta generación continuará dando la batalla, así como el vallenato, la salsa y otros ritmos autóctonos de Colombia los cuales tuvieron su cuarto de hora.

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